Melodías de ayer y de hoy, que pululan entre el pop más rabioso y melódico, el soul más emocionado y salvaje, el jazz más groovy e intimista, la bossa más elegante y la electrónica más placentera.
Pues eso, que desconectamos un par de semanas, para volver con más música a mediados de Agosto.
Os dejo con esta maravilla que el grupo bostoniano Lyres nos entregaba en pleno 1985, justo cuando aquello que llamaron revival garagero explotaba con toda su intensidad. She pays the rent tiene todo lo que debe tener un buen tema de garage: energía, descaro,desfachatez, cierta rabia al cantar y una melodía demoledora. Esta es la versión, digamos que acelerada de este tema ya que posteriormente en su disco Lyres Lyres nos entregaron un versión más lenta e intensa, y con un ritmo más arrastrado muy cercano al sonido de los Them de Van Morrison
Sonidos añejos de los 60 y primeros 70. Beat efervescente. Pop rock clásico. Canciones repletas de melodías de finos trazos, rotundos estribillos y gloriosas armonías vocales, esculpidas bajo los patrones que nos dejaron incunables de la talla de los Beatles, Zombies, Hollies, Todd Rundgrent, Mcartney, Chad & Jeremy, George Harrison...¡Uaaau! ¿Que te parece? ¿Un cóctel atractivo, verdad?
Pues bien, los protagonistas de este disco, Seth Swirsky y Mike Ruekberg, o lo que es lo mismo, The Red Button. ya hicieron algo similar en aquel fantástico She's About to Cross My Mind del 2007, y ahora para nuestro disfrute, repiten la maravilla, con las misma magia e inspiración en este fantástico As Far As Yesterday Goes. Pura alquimia pop, que explota desde el inicio con esa irresistible Caught In The Middle, uno de los irresistibles y alborotados ejercicios de vibrante beat, que iluminan este disco de guitarras centelleantes y pulcro sonido. Porque eso sí, no estamos ante un disco de pop rock distorsionado. Aquí hay ritmo, y un cierto alboroto, que como decíamos antes resplandece en los temas más beat del disco, pero sin embargo predominan los medios tiempos de cuidadas melodías y arreglos, bajo una elegante producción, que prima los matices, y donde las guitarras, los teclados y las armonías vocales intercambian su protagonismo a lo largo de una espléndida colección de canciones, que son sin duda el gran bagaje que nos deja este disco.
Unas canciones que suenan muy actuales, a pesar de sus añejas y variadas referencias, que discurren entre la elegancia beat de los Zombies que se vislumbra en ese fabuloso medio tiempo que da título al disco, As far as yesterday goes, con ese teclado tan característico en la banda de Argent, la ensoñadora instropección de Harrison en la tierna Easier, la luminosidad pop del bubblegum en la pegadiza You do something, con un ligero guiño jamaicano, el intenso arrebato beat de I can't forget y Girl Don't, el siempre embriagador y melodioso pop de marca Mcartney que fluye por los acordes de Picture, y One a Summer day (que puedes escuhar en el vídeo de arriba), un sonido que encaja perfectamente con la elegancia pop de ese medio tiempo con nombre de mujer, titulado Genevieve, que a mi me trae a la memoria los momentos más pop del genial Todd Rundgren, a comienzos de los 70 en aquel maravilloso Something/Anything.
Sin duda, este As Far As Yesterday Goes, publicado en este 2011 por el sello Grimble Records, nos demuestra que el buen pop rock sigue vivo, muy vivo, y que sigue siendo capaz de generar intensas emociones, a pesar del maltrato y el aislamiento al que está siendo sometido por las discográficas y los medios generalistas.
Afortunadamente Steve Cradock sigue a lo suyo, al margen de modas y modismos. En sus discos, tanto en solitario como con Ocean Colour Scene, se aprecia que ha mamado hasta la última nota de aquel rock y pop británico y pos-psicodélico, que finalizó la explosiva década de los 60, y demuestra un talento muy especial a la hora de trasladar aquellos añejos sonidos a nuestra realidad sonora, a pesar de que esto último no esté muy bien visto por gran parte de la prensa musical actual, más preocupada en buscar el último “hype” o la penúltima extravagancia, que en disfrutar de buenas canciones desprovistas de artificios.
Y os aseguro, que en este Peace City West, su segundo disco en solitario, producido en su propio sello, The Kundalini Music y distribuido por EMI en mayo de 2011, hay un buen puñado de eso, de buenas canciones, dónde las melodías, los estribillos y las armonías vocales, juegan un papel primordial alrededor de esas guitarras de variados matices, que hacen que la tonalidad sonora del disco oscile entre el pop directo y descarnado, y el folk de tonos psicodélicos. Y todo ello, en un disco donde vuelven a predominar esos embriagadores medios tiempos, que constituyen sin duda lo mejor del mismo, ya que los guitarrazos de I Man, y sobre todo los de The Pleasure Seekers no encuentran el magnetismo de aquellos poderosos riffs que protagonizaban aquel fantástico Mosely Shoals de Ocean Colour Scene.
Y entre esos medios tiempos, destacan sin duda el pastoral y psicódelico Kites Rise Up Against The Wind, las nostálgicas Finally Found My Way Back Home y My Scooter Sits Idle, que bien podrían ser dos bellos tributos a la memoria de Ronny Lane, y cómo no, esos deliciosos ejercicios de atemporal pop, de dolientes acústicas que son Only look up when you're down (en el vídeo), Little Girl, y Ring the changes, tres embriagadoras “cancioncillas” que no dejarás de tatarear. Todas ellas, pequeñas joyas, que dan lustre a un disco exquisito, en el que además no debemos olvidar ni la curiosa y poppie Steppin' Aside, que interpretan y componen a medias Steve Cradock y su mujer Sally Cradock, ni esa oscura balada titulada Lay Down Your Weary Burden, que Cradock firma junto a Weller y que bien podría haber formado parte del fantástico 22 dreams de Weller.
En definitiva, te aseguro que Peace City West es altamente recomendable, aunque no te va a soprender si conoces la trayectoria de Cradock, ya que continúa la línea de trabajos anteriores suyos con Ocean Colour Scene, y eso sí, quizás suene algo más compacto y variado que The Kundalini Target. Algo normal si tenemos en cuenta que en esta ocasión, Cradock ha abandonado el “háztelo tu mismo” de su anterior trabajo, para componer y tocar junto a su mujer Sally Cradock y algunos ilustres amigos como Paul Weller, Charles Reese, Tony Griffiths, PP Arnold y sobre todo, Anfy Crofts cantante y compositor de The Moons, que toma un gran protagonismo en este disco al componer junto a Cradock cinco de los mejores temas, el single inicial Last Day Of The Old World, Finally Found My Way Back Home, Kites Rise Up Against The Wind, Only look up when you're down y Little Girl.
Octava sesión de Sensaciones Sonoras en Spotify, esta vez dedicada a la explosión pop de la new wave, que tuvo lugar entre finales de lo 70 y los primeros 80. Un momento en el que volvió a reinar ese pop directo y efectivo, repleto de estribillos pegajosos, y adictivas melodías. Pura arrogancia juvenil que se reflejaba en palabras como las de Nick Lowe: No me interesa el arte, lo que quiero es hacer canciones con estilo, chispa e imaginación, o lo que es lo mismo, el “pop de toda la vida”.
Una hora de pop arrogante y sin complejos. No están todos los que fueron, pero si una parte importante de ellos. Al resto los rescataremos en una segunda edición de esta sesión.
La new wave era esto. Pop-rock descarnado y visceral. Pegadizas melodías e irresistibles estribillos. Guitarras juguetonas y uooos por doquier. Un enloquecido aguijonazo a tu sistema nervioso. Un rotundo estallido de energía juvenil, capaz de revolucionar todos tus sentidos en un abrir y cerrar de ojos. Un frenesí melódico que nos dejó gemas ocultas del calibre de este maravilloso tema de The Nips, titulado Gabrielle. Una pequeña joya de ritmo contenido, que acaba disparándose, con cierto trasfondo nostálgico, en el que un enrabietado Shane MacGowan rememora aquellos tiempos de efervescencia juvenil junto a ella.
Una maravilla que vió la luz en 1979, en plena explosión nuevaolera, que no obtuvo el éxito que sin duda merecía, y que algunos coetáneos suyos consiguieron. A pesar de ello, siempre la incluiré entre mis singles favoritos de aquella época, ya que es un tema vital, rotundo y adictivo, uno de esos que nunca te cansarás de tatarear.
Los Nips comenzaron su andadura en 1977 como The Nipple Erectors, un combo de aguerrido punk rock, capitaneado por un jovencísimo Shane MacGowan, si el mismo que años más tarde triunfaría con The Pogues. Tras un single sin demasiado éxito, publicado en 1978 (King of the bop), deciden cambiar de nombre, convirtiéndose en The Nips, y amortiguar algo su energía dando un toque algo más pop a su sonido, para entregarnos dos nuevos singles All the time in the world y Gabrielle, con el que consiguen desde mi punto de vista conjugar en menos de tres minutos todo lo bueno que apuntaba la new wave. Dos singles con los que cerraron su carrera ante la falta de éxito. Estábamos en 1979 y The Nips conseguían un sonido irresistiblemente melódico y rebelde. La respuesta británica al sonido que los Beat de Paul Collins esbozaban en su fantástico primer disco, al otro lado del Atlántico. Una auténtica gozada que no deberías perderte.
Publicado en UK, noviembre de 1979 por el sello Chiswick Records.Producida por Stan Brennan
Letra:
Let's go down to the old West End Where we used to go when you were my girlfriend Take the 73 to the city With you sitting there, looking so pretty I'd take you where you could shake it down, now To the rocking part of town
A shake it up A shake it up A shake it up A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle
Let's down to the old West End Where we used to go when you were my girlfriend Take a seven and breeze through the city With you sitting there, looking so pretty And though you never once gave it away I can still remember those crazy days We'd dance all night and sleep all day In the old West End everybody was dancing Dancing, Ow!
And though you never once gave it away I can still remember those crazy days We'd dance all night and sleep all day In the old West End everybody was dancing Dancing, Ow!
Do you remember? Ohhh Do you remember? Ohhh Do you remember? Ohhh Do you remember? Do you remember?
A shake it up A shake it up A shake it up A shake it up Gab-Gab-Gab-Gabrielle
Tienen la frescura y el desparpajo de las bandas de garage y R&B de mediados de los 60, y supuran una energía realmente contagiosa, con ese sonido metálico y chirriante que combina arrítmicos guitarrazos, demoledoras melodías y un arrogante desparrame vocal. Si, no cabe duda, su bullicioso sonido me trae a la cabeza la arrogancia e intensidad juvenil del mejor garage que pobló aquellas maravillosas series tituladas Pebbles y Nuggets, porque aunque a veces moderen el ritmo, parezcan pendencieros y se pongan arrogantemente babosos en alguna balada chulesca al estilo de los Stones, lo que aquí trasciende es primario, visceral, y rematadamente intenso. Doce temas en poco más de media hora. Puro alboroto para tus sentidos, y todo un incendio para tus emociones.
Si señor así es Brave, el disco que estos tejanos llamados The Strange Boys, liderados por Ryan Sambol, publicaron en el 2010 para el sello Rough Trade. Segundo disco de la banda tras el también muy recomendable And Girls Club, publicado en el 2009.
Un estimulante pildorazo de sonido añejo, y primitivo, donde la armónica, las guitarras, y el hammond esculpen perlas de garage dylaniano tan convincentes como I see, Be brave y Friday in Paris, sacudidas stonianas tan demoledoras como Night Might, o vibrantes cataclismos de aceleración garagera al estilo de los Sonics, aunque con un lánguido inicio, como el de A walk on the beach. Ritmo e intensidad que predominan en el comienzo del disco, y que poco a poco van cediendo protagonismo a desgarrados medios tiempos de R&B sincopado, con algunas reminiscencias de los Kinks, como Between us, Da Da, Laugh At Sex, Not Her y Dare I say, para posteriormente finalizar con una serie de temas más pausados, y de tono acústico, como las preciosas All You Can Hide Inside y You Can't Only Love When You Want To. Y todo esto sin olvidarnos de esa descarnada balada titulada The Unsent Letter, en la que una desnuda melodía va tomando forma a golpes de piano sobre un sinuoso fondo de hammond. En definitiva, una gozada de disco, que podríamos decir que suena como lo harían el Dylan, los Kinks y los Stones del 65, en un destartalado garage de la costa oeste americana.
Si señor, ahí siguen estos chicos erre que erre, con su pop bucólico y elegante, de irresistibles trazos clasicotes y sorprendentes melodías, demostrándonos que son una de las mejores propuestas de hoy en día, para saborear exquisitos retazos de aquel pop crepuscular y algo nostálgico que deslumbró a finales de los 60. Porque os aseguro que esta pequeña maravilla titulada Shame, shame vuelve a ser toda una conjunción de magia y precisión melódica. Un perfecto conglomerado de rotundas canciones pop, generadoras de intensas emociones, elaboradas con la ya habitual maestría que este combo de Philadelfia demuestra disco tras disco.
Dr Dog son especialistas en modelar melodías imposibles, repletas de matices e insospechados giros, con atractivas armonías vocales. Un elegante tratado sonoro, que deambula entre lo nostálgico y bucólico, y que a pesar de tener sus raíces en clásicos como los Beatles y los Beach Boys de finales de los 60, mantiene su propia ideosincrasia, mostrando todo su potencial en este estupendo Shame Shame, que vuelve a estar poblado de pequeñas gemas del mejor pop, como por poner algunos ejemplos Where'd All The Time Go?, Station, Unbearable Why, Shadow people(vídeo), Shame shame, y Jackie Wants A Black Eye, donde las guitarras, el piano, las palmas y las armonías vocales comparten protagonismo, con esas rotundas melodías de las que ya hemos hablado.
Atrás quedaron sus artesanas primeras grabaciones en mesas de 24 pistas, rotundas y embaucadoras viñetas de ese pop sincero, nostálgico y descarnado, que pobló sus primeros discos para el sello Park the Van, los fantásticos mini-LPs Easy beat (2005) y Taker and Leavers (2006), y ese glorioso We all be long (2007) que confirmaba con creces todo lo apuntado, y que daría paso a esa maravilla de orfebrería pop titulada Fate, de la que ya hablamos por aquí, y que les consegraría definitivamente en 2008, ya con un sonido más pulido, y digamos “profesional”, que podría abrirles las puertas de escenarios algo más poblados sin perder un ápice de su frescura inicial. Shame, shame es el primer disco que la banda de Scott McMicken graba fuera de Philadelfia, y de su sello de toda la vida, Park the Van, pero afortunadamente en su estreno del 2010, para el sello Anti, mantienen intactas sus señas de identidad, aunque con un sonido más cuidado que quizás pueda abrirles las puertas de un público más amplio. Algo que merecerían totalmente, ya que Shame, shame es otro disco irresistible de estos chicos, que te atrapará desde la primera escucha.
Sin duda, Dr Dog ya han alcanzado el olimpo de Sensaciones Sonoras, convirtiéndose en uno de nuestros grupos de referencia.
Han pasado casi 20 años de sus lanzamiento y sigo pensando que ante todo, Screamadelica es una exquisita sobredosis de psicodelia “moderna”, hipnótica, y algo cósmica, donde confluyen sorprendentemente y en total armonía, elementos aparentemente tan dispares como el rock stoniano, la psicodelia, el pop, el funk, el gospel, el dub jamaicano, y hasta la música electrónica, en vertientes tan diferentes como el dance y el trip hop. Es realmente increíble que toda esta amalgama de estilos genere un disco tan cohesionado, atractivo y fascinante.
Una pequeña obra maestra, que vió la luz en 1991 dentro del catálogo del sello Creation, y que muy bien podríamos atribuir, tanto a Primal Scream, como a esa fantástica pléyade de productores y djs que le dieron forma: Andrew Weathereall, Hypnotone, The Orb, y hasta el mismísimoJimmy Miller (si, ese glorioso productor que en los 60 y primeros 70, produjo entre otros, los discos de Traffic y los Rolling Stones). Y todo esto sin olvidarnos de la excelente aportación en los coros, de la vocalista Denise Johnson, que desprende pura energía soul.
No cabe duda de que Screamadelica fue toda una explosión de creatividad, un clásico de nuestro tiempo, adulado por casi todos, y que definitivamente situó a Primal Scream en el olimpo de la música británica. Un disco tan irreverente como inesperado, que por un momento consiguió entrelazar conceptos tan alejados como el rock, la cultura de los clubs y la música indie.
Hacia tiempo que no lo escuchaba... y ahí sigue, tan excitante, impactante y seductor como el primer día. Lo escucho mientras escribo, y no deja de embriagarme esa hipnótica atmósfera que lo rodea. Ahora es la belleza decadente de I'm coming down, antes la descarnada delicadeza de esa balada soul que es Damaged, la energía arrebatadora de Movin'on up, con sus vibrantes coros gospel y sus stonianos guitarrazos, o el funk sosegado y cósmico de las espléndidas Come together, y Loaded, a la que Alan McGee, fundador y director del sello Creation, hace poco calificaba como lo mejor canción que editaron, en una entrevista publicada por El Pais.
Un disco excepcional que tendré la ocasión de disfrutar en directo (y toco madera) el próximo viernes 19 de Noviembre, en la sala Riviera de Madrid.Ya queda menos. Se va acercando. La espera finaliza. Y si, hay muchas ganas de verlos tocar en directo, en una sala de aforo medio, y tocando íntegramente esta maravilla, que a pesar de todo no es mi disco favorito de Primal Scream.